Música: del consumo al coleccionismo

Decía el otro día muy acertadamente en una entrevista José Ignacio Lapido -acabo de publicar una crítica de su nuevo disco ‘De Sombras y Sueños’-, que los discos “van a quedar como objeto de coleccionismo”. Otros opinan que la industria se muere. No cabe duda que cada vez se venden menos discos, pero como ya se ha dicho muchas veces, la música no se muere, en todo caso, la ‘industria’ de las grandes multinacionales de esto que tienen que vender muchos millones para soportar infraestructuras muy grandes -hablaremos de esto otro día-.

Hace años que creé EO! y es uno de los pocos proyectos on-line a los que sigo dedicando una atención más o menos constante, a pesar de que lo que cuesta. Gracias a EO! he tenido la oportunidad de descubrir y conocer a un montón de bandas y artistas que todos los días luchan por hacerlo lo mejor posible, por llegar a la gente. Meterte a fondo en el disco, como haces para intentar escribir una crítica más o menos honesta -no sabeis lo que decepciona cuando relees unos meses después una crítica y descubres que has sido un poco injusto-, averiguar cosas sobre el artista o entrevistarle, te convierte de alguna forma en cómplice suyo, convierten a ese disco y a ese artista en una parte de tu vida, en la banda sonora de tus alegrías y decepciones.

Y es ahí cuando uno empieza a lamentar que la mayor parte de gente de su entorno ya no compre discos. Porque, de alguna forma, esa forma de escuchar la música encierra unos matices y una sensibilidad diferente para con la música que estás escuchando. Ahí es cuando uno empieza a convertirse en el pesado que está continuamente dando la brasa con tal o cual grupo nuevo.

Seguramente para los parámetros de casi cualquiera -excepto los verdaderos coleccionistas- yo seré todo un coleccionista, porque me gusta acumular discos, y algunas tardes de lluvia disfruto dedicando un rato a escoger y escuchar algunos, revisar sus libretos, u ordenarlos. O sobre todo porque en el último año hayan entrado en mi colección ni mas ni menos que 70 discos (bastantes de ellos gracias a EO!, que me ha ayudado a darme cuenta de que no tengo NPI de música en realidad…).

No se puede pedir que todo el mundo disfrute de la música de la misma manera, ni mucho menos de la misma música, pero como leí por ahí recientemente: igual tenemos que poner de moda, al igual que el slow food, el slow music. Porque, en otros tiempos, las emisoras de radio y los medios masivos te ayudaban a descubrir cosas interesantes. Ahora que ellos han abdicado en favor de una industria que está prendiendo fuego a la casa para salvarla de las termitas, esa función queda ya solo en manos de muchas webs como EO!, de las pequeñas tiendas que sobreviven, de las pequeñas discográficas independientes, y de muchos ‘coleccionistas’ evangelizadores que disfrutan (disfrutamos) compartiendo música.

Hay vida ahí fuera y vale la pena descubrirla.

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